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      Adapta los ejercicios y exigencias a las capacidades de tus deportistas

     Asegúrate de que tus deportistas no tienen dudas sobre cómo deben actuar

     Acepta que algunas cuestiones están fuera de tu control

 

 

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¿Quién no se pone nervioso cuando no sabe a qué se enfrenta o cómo debe actuar en una situación concreta? Todos, sin excepción, necesitamos sentir que controlamos e influimos sobre aquello que es importante para nosotros. Es una cuestión natural para el ser humano. Huimos de lo que no entendemos y no nos gusta lo que depende de otros. Da igual la situación que imagines, la incertidumbre es nuestro peor enemigo.

Sin embargo, la realidad es que resulta completamente imposible controlar todo lo que nos sucede en el día a día. Existen más personas que buscan los mismos objetivos e incluso, en ocasiones, luchan por conseguir metas opuestas a las nuestras. Además, hay cuestiones que dependen del azar. Y otras, sencillamente, son incontrolables y debemos aprender a asumirlo.

 

¿Qué es tener el control?

No entender que hay cuestiones en las que no podemos influir es un error habitual. Cuando se habla de control, se tiende a pensar en la capacidad para determinar todo lo que va a pasar. Algunos directivos, padres, entrenadores y deportistas buscan manejar y controlar todo lo que ocurre (y está por suceder). Pero tener el control implica la posibilidad de actuar de una manera concreta que influya en el resultado de una acción: un gesto técnico perfecto, una anticipación al rival, un tiempo de reacción mínimo… implican un control de la situación. De hecho, un deportista que realiza estas acciones tiene más probabilidades de conseguir lo que pretende, pero ello no garantiza por completo que la bola vaya dentro, se robe la posesión o se gane la carrera. La posición de los rivales, una decisión arbitral, unas malas condiciones del terreno de juego, una mayor velocidad del oponente, etc. son cuestiones que escapan al control propio y que forman parte del “encanto” de la competición.

En definitiva, cuando se tiene el control “sólo” se tiene la capacidad de llevar a cabo una conducta que sitúa el objetivo más cerca, pero que no tiene que implicar conseguir exactamente lo que se pretende. Esa es la primera cuestión que nuestros deportistas deben entender. Sobre esa base, el entrenador, debe fomentar que los deportistas sientan que tienen el mayor control posible (sobre lo que está en sus manos).

Este es un trabajo que debe realizarse a diario y que es especialmente importante en edades de formación. Esa percepción de control es la que sostiene la confianza del deportista en sí mismo, en sus capacidades reales y potenciales.

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¿Cómo genero la sensación de control en mis deportistas?

La sensación de control no es sólo determinante para que afrontar la competición confiando en conseguir una buena actuación. Una percepción de falta de control es la antesala de falta de esfuerzo, rabia, desorientación, desánimo, frustración, falta de motivación… Es decir, de situaciones en las que el deportista deja de sentirse deportista y aparecen los típicos “Da igual lo que haga, ya sé cuál es el resultado”, “qué importa que me esfuerce si no sirve de nada”, “lo haga de una manera o de otra siempre lo hago mal”, “no sé qué tengo que hacer para cambiar esto” …

 

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Los deportistas en general, y especialmente los jóvenes, necesitan vivir experiencias de control y esas experiencias deben incorporarse tanto en el trabajo diario como en las valoraciones que, como entrenador, se hace de sus competiciones. Algunas pautas que pueden potenciar esa sensación de control son estas:

  • Conoce bien a tus deportistas. Dedica tiempo a hablar con ellos, a escucharles y a preguntarles. Esta es la mejor manera de saber lo que realmente quieren, hasta dónde están dispuestos a llegar y qué esperan ellos de ti.
  • Marca unas exigencias adecuadas. Una vez que conozcas en profundidad a tus deportistas, sabrás qué puedes exigirle a cada uno de ellos. Tendrás información muy valiosa sobre el potencial, los límites y las necesidades de cada uno de ellos. Tratar de adaptar el trabajo a sus objetivos y capacidades.
  • Muestra una conducta y una valoración estable en el tiempo. Evita valorar su trabajo por el resultado obtenido. Céntrate en “qué han hecho” y “cómo lo han hecho”. El resultado es consecuencia de “algo”, y es ese “algo” sobre lo que se debe trabajar.
  • Dales instrucciones precisas y objetivos específicos. En determinados momentos en entrenamientos y competición se ofrece a los deportistas información poco clara y/o en grandes cantidades. Es importante ser breve y claro. Ofrece información simple y concreta que no desvíe la atención del deportista.
  • Confirma que han entendido el mensaje. Una vez que hayas explicado un ejercicio o dado una instrucción, pregunta si existen dudas. Además, conviene que dediques los minutos siguientes a observar si realmente han entendido lo que les has transmitido. Si no es así, cambia la forma de expresarte.

 

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Cuanto mayor sea la percepción de control, mayor será la capacidad de esfuerzo y lucha de tus deportistas ante cualquier dificultad. Ayúdales a comenzar la competición sin ir por detrás en el marcador.

 

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