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    Cada deportista afronta su lesión de manera particular

    La intervención debe adaptarse totalmente a las necesidades individuales

    El apoyo del entorno es básico para fortalecer la “recuperación invisible” 

 

 

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Llega enero y muchos deportistas vuelven a los entrenamientos. Algunos inician una nueva temporada, otros retoman la competición tras sus merecidas, y breves, vacaciones. A pesar de ser necesario, este periodo de menor actividad puede hacer que los entrenamientos no se retomen en un estado de forma adecuado. O, por otra parte, que aun estando bien, las ganas de alcanzar un buen “pico” de forma sean demasiado altas. Estas dos cuestiones (al margen de muchas otras causas) pueden generar lesiones que obliguen a enfrentarse a un período de inactividad “obligada”.

Cada lesión… una situación

Cada deportista afronta su lesión de una manera totalmente particular. Infinidad de cuestiones influyen en cómo el deportista entiende su lesión: la situación en que se produce, su rol en el club en ese momento, sus expectativas personales, su historial de lesiones anteriores… Por ello, el trabajo de rehabilitación, tanto física como psicológica, debe adaptarse totalmente a las necesidades y características del deportista. Todos los profesionales en torno al deportista deben tener este principio claro. Entrenadores, fisioterapeutas, readaptadores, compañeros de club o equipo, psicólogo… podrán portar más en este momento cuanto mejor conozcan al deportista lesionado.

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Precisamente por eso, el trabajo psicológico debe comenzar por una evaluación del impacto emocional de la lesión en el deportista. Es necesario conocer su grado de preocupación y tratar de reducir al máximo la incertidumbre respecto a su recuperación y su futuro. En este punto, el trabajo coordinado psicólogo-fisioterapeuta presenta una función esencial, especialmente cuando se trata de lesiones de media-larga duración. El deportista debe conocer con claridad y detalle:

  • A qué lesión se enfrenta
  • El motivo por el que se ha producido su lesión
  • Cuál es el plan de rehabilitación que se seguirá y en qué fases se divide
  • La estimación prevista para su vuelta a la actividad
  • Las posibles dificultades que pueden surgir durante el proceso de rehabilitación y qué alternativas se adoptarán para resolverlas

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A partir de ese momento, el trabajo debe centrarse en definir objetivos relacionados con el proceso de rehabilitación. En función de la duración de la lesión, será posible fijar más o menos objetivos y con una mayor y menor cercanía en el tiempo. Cada una de las fases del período de recuperación debe contar con diferentes objetivos de manera que, la consecución progresiva de todos ellos, lleven a la recuperación total. Este es un trabajo fundamental para conseguir que el deportista no sólo siga el tratamiento, sino que lo haga con una alta motivación. Esto sólo se puede conseguir si estos objetivos se definen de manera conjunta, estableciendo un acuerdo a tres bandas entre psicólogo-deportista-fisioterapeuta.

Las personas del entorno: un rol básico

En los primeros momentos tras la lesión, es posible el deportista no acepte lo que le ha ocurrido o se muestre enfadado consigo mismo por la nueva situación en la que se encuentra. Con su vuelta a los entrenamientos, el deportista había definido unas expectativas que, con la lesión, pueden verse alteradas. Precisamente por eso, mostrar estados de ánimo de este tipo, debe entenderse como algo totalmente comprensible y normal. Las personas de su entorno deben entender la situación a la que se enfrenta y aportar el máximo apoyo posible.

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Todos quienes comparten su tiempo con el deportista fuera del ámbito deportivo son especialmente importantes. Se trata de personas que comparten sus “momentos de inactividad”. Durante su trabajo de rehabilitación (física y psicológica), el deportista se encuentra “ocupado”: definiendo sus objetivos, comprendiendo el proceso que seguirá, aprendiendo los ejercicios que deberá llevar a cabo, ajustando las expectativas sobre su futuro…

Sin embargo, cuando el deportista llega a su entorno familiar, es posible que aparezcan dudas, falta de motivación, pérdida de confianza, sensación de soledad… Es en esos momentos donde el apoyo de sus amigos y familiares resulta fundamental a la hora de ayudar a la “recuperación invisible”. Que el deportista se sienta apoyado por su entorno familiar y social ayudará a sentir la necesidad de cumplir su plan de rehabilitación y a mejorar su bienestar emocional, sintiéndose motivado y con confianza para afrontar esa nueva dificultad que se ha presentado en su carrera deportiva.

 

Cuando un deportista se lesiona él es el actor principal en su recuperación. Sin embargo, comprender sus necesidades y adaptarse a ellas proporcionándole los recursos adecuados es el punto de partida necesario en cualquier proceso de rehabilitación.

 

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