El salario emocional comienza a revolucionar el deporte

    Cualquier club puede ser más que un lugar para entrenar y competir

    Conocer qué quiere y necesita el deportista es clave

 

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¿Qué lleva a un deportista a optar por un club u otra para desarrollar su carrera? Muchos quizás opinen que el dinero (sueldo, contratos de publicidad, primas, etc.) es el factor clave. Ante varias opciones, el mejor postor es el mejor criterio. ¿Por qué no? Al fin y al cabo, la carrera deportiva se acaba a una edad temprana y hay que buscar el máximo beneficio en esos años.

Durante muchos años ese ha sido un criterio habitual a la hora de dirigir la carrera. Muchos deportistas han abandonado clubes en donde contaban con un rol importante por una mayor ficha pasando a un segundo plano. Otros jóvenes decidieron acelerar sus carreras yéndose a grandes clubes con fichas astronómicas a cambio de saltarse varios escalones en su formación y acabaron pagándolo. Hoy en día, la irrupción de jeques, magnates y empresarios ha llevado a deportista a países en los que la competición se encuentra muy por debajo de su nivel, pero donde el dinero se sitúa muy por encima de su rendimiento deportivo.

 

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Esto ha sido algo común a muchos campos. El mundo laboral no ha sido diferente. Sin embargo, desde hace tiempo, los departamentos de Recursos Humanos han dado un giro importante a las ofertas de trabajo. El potencial empleado ha pasado de valorar las horas de trabajo semanales y el salario económico a tener en cuenta otras cuestiones más personales: aspectos que mejoran su felicidad, su calidad de vida y la de quienes le rodean. Desde hace tiempo, las empresas conocen la importancia del salario emocional a la hora de atraer (y retener) el talento.

 

¿A qué se refiere el salario emocional?

De manera teórica, el salario emocional es un concepto unido a todas aquellas cuestiones no económicas que el trabajador puede obtener de la empresa. Cuestiones cuyo objetivo es satisfacer las necesidades personales, familiares y profesionales del trabajador. De manera más concreta, se refiere a beneficios como guardería para los hijos en el mismo lugar de trabajo, días libres en su cumpleaños o en el de sus familiares, zonas de ocio en la propia empresa… En definitiva, detalles que convierten a una entidad en más que un lugar de trabajo.

 

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En el deporte, pocos clubes han sabido ver la importancia de estas cuestiones a la hora de atraer y retener a deportistas. Un escudo y un talonario han sido durante muchos años las claves para decidir. Esto ha cambiado. Ya no es suficiente.

Quizás por esta pasividad, ha surgido una pequeña revolución. Algunos clubes históricamente grandes se han acomodado mientras otros, grandes y no tan grandes, han encontrado en la parte emocional la clave para atraer deportistas que pueden darles un plus en sus resultados.

Los deportistas, tanto jóvenes como veteranos, han comenzado a valorar otras cuestiones menos glamourosas, pero más necesarias. El último ejemplo ha surgido con el fichaje de Vinicius por el Real Madrid, cuyo agente declaró abiertamente que “El club blaugrana ofrecía más dinero, pero el joven se decidió porque el proyecto blanco le atraía más” (Fuente: SportYou).

Otros deportes no se han quedado al margen: en 2008 Fernando Navarro abandonaba su aventura en la NBA para volver al F.C. Barcelona. ¿El motivo? “No vuelvo por dinero, sino por una razón sentimental”. Por razones similares Sergio Llull insiste en cerrar la puerta al gigante de la NBA porque, según él, “Después de todo debes estar donde seas feliz. Y yo lo soy en Madrid” (Fuente: El Confidencial). Una felicidad que, en su caso, se impone a una oferta de tres años de contrato y 17 millones de dólares.

 

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Cuando no se cobra en euros

En definitiva, estos ejemplos demuestran que (sólo) el dinero ya no da la felicidad. Cualquier club puede competir con otro a la hora de enamorar a los deportistas, aunque no tenga un cheque en blanco. La clave está en conocer qué quiere realmente el deportista. ¿Qué puedo ofrecerle para que su bienestar sea máximo? ¿Qué puede valorar más para su crecimiento en el día a día?

Cualquier club puede tomar medidas para captar y mantener en sus plantillas a los deportistas que pueden hacer que su proyecto crezca. Cuanto antes se apliquen estas medidas, más fácil será atraer el talento de jóvenes promesas. Y no sólo eso. Si se sigue trabajando, más sencillo será que decidan continuar en el club cuando sean tentados por ofertas externas. El factor emocional y la lealtad hacia un club es algo difícil de comprar cuando el deportista cree que recibe lo que merece. Los famosos “one club man, con Totti como último estandarte, se empiezan a forjar desde la base. “Como romano y como seguidor de la Roma fue un honor completar mi carrera aquí. Seguramente podría haber ganado más títulos en otro lugar, pero mi mayor triunfo es mi lealtad con el club“, dijo Totti semanas atrás (Fuente: Toda Pasión).

 

Para conseguir esto, los clubes deben tener en cuenta algunos aspectos como los siguientes:

  • Aportar un trato cercano y personal. El deportista necesita que le traten como persona antes que como deportista. Contar con técnicos y directivos cercanos, que conozcan al deportista, se preocupen por sus problemas y traten de aportarle soluciones. Un comportamiento de este tipo, con deportistas y familias, supone un apoyo emocional que mejora su día a día y permite al deportista focalizarse en su rendimiento.
  • Cuidar la calidad de sus instalaciones. Se debe tratar de ofrecer a los deportistas las mayores comodidades. Esto no implica, necesariamente, la última tecnología del mercado. Recursos en buen estado, cercanía de las instalaciones, accesos seguros, transporte adecuado… son cuestiones asequibles para cualquier club que ayuda al deportista en su día a día.
  • Contar con profesionales formados. Es fundamental construir un club en el que los técnicos cuenten con una formación adecuada a los deportistas que van a dirigir y disfruten enseñando. Esto no sólo mejora el rendimiento de los deportistas, también hace que entrenen y compitan con alegría y confianza, mejora el ambiente diario y hace que el crecimiento del deportista se multiplique.
  • Definir un estilo propio. Es importante que el club, y todos quienes lo forman, aporten un valor añadido. Definir los objetivos del club y diseñar un plan definiendo cómo se van a conseguir ayuda a marcar una hoja de ruta que sirva como DNI. Esas líneas de trabajo deben ser claras, con unas bases sólidas que permitan trabajar sobre ellas a largo plazo. Tener una identidad propia con la que los deportistas se identifiquen no es sólo un plus competitivo, sino que refuerza la unión deportista-club.
  • Generar un entorno para el desarrollo, no sólo para la competición. Los deportistas, especialmente cuando son jóvenes, necesitan “algo más” que un entrenador. Entrenar cada día en un contexto en el que se tiene en cuenta su edad, se asume que están en desarrollo, se aceptan los fallos, se aplauden los aciertos y se escucha a la persona es fundamental.

 

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Hace unos años el CF Molina buscaba potenciar su sección femenina de esta manera. La realidad es que no podía ofrecer un proyecto en el que sus jugadoras disfrutasen de la Champions, viajasen en avión u optarán a premio mundiales. A cambio, ofrecía cubrir necesidades básicas y daba la posibilidad de disfrutar de cuestiones esenciales cuando se pretende aprender, evolucionar y disfrutar haciendo deporte: gastos federativos, equipación deportiva, entrenadores titulados, entrenador de porteras, preparador físico, fisioterapeuta, autobuses para desplazamiento, clínica privada gratuita en caso de lesión, y mucho más.

 

Este es sólo un ejemplo de ese “algo más” al margen del dinero. Un extra que, pensando en el deportista, todos los clubes pueden ofrecer consiguiendo que ellos sean los elegidos en un momento determinado.

 

 

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