FeelIn Psicología deportiva

     Todos los deportistas necesitan un nivel de tensión determinado previo a la competición

     El nivel adecuado varía según la persona y la situación

     El objetivo es saber manejarla y controlarla, no hacerla desaparecer

 

El tiempo de lectura aproximado equivale a la duración de la siguiente canción… ¿comenzamos? dale al Play

No lo voy a hacer bien, mi rival es mucho mejor que yo, hoy no tengo buenas sensaciones, no me siento preparado…” En ocasiones la tensión aparece antes de que llegue a iniciarse la competición. Y estas son algunas de las frases que los deportistas dicen a sus compañeros, familiares, psicólogo… o no llegan a decir, pero se les pasan por la cabeza en ciertos momentos.¿Alguna vez has pasado por esta situación? Enhorabuena, eres un deportista normal. Por extraño que pueda parecer, incluso los deportistas de élite son protagonistas de estas frases o pensamientos en momentos concretos a lo largo de su carrera.

De hecho, todo deportista necesita un nivel de tensión para rendir. Este nivel puede ser mayor o menor, depende de cada persona. También puede aparecer justo antes de competir, el día anterior, en las horas previas, al entrar al vestuario … Es una sensación que debe estar siempre presente y que varía en tiempo, forma e intensidad para cada persona. Se trata de un aspecto absolutamente personal.

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Pero, si debe existir, ¿cómo voy a hacer una buena competición?

El objetivo no es que la tensión desaparezca por completo. La meta es saber controlarla y manejarla para que pueda jugar a favor. Debes saber aprovecharla para sacar tu máximo rendimiento en la “arena”.

Para ello, primero es necesario identificarla. En ocasiones serán síntomas físicos. En este caso resulta más sencillo darse cuenta. Molestias musculares, sensación de estar “cargado”, malestar, dolor de cabeza, etc. pueden ser el indicador de que tu tensión es demasiado elevada para competir. En otros casos puedes sentirte bien, fino, en forma… sin embargo, por tu cabeza pasan frases negativas que parecen anticipar que el resultado no va a ser el esperado. Pensamientos de este tipo tampoco son un buen compañero de competición y ayudarán a que, efectivamente, el resultado no sea positivo.

Una vez que has identificado los síntomas debes saber manejarla. Tienes que desarrollar la habilidad de situarla en un nivel adecuado, el nivel que te permita rendir al 100%. Si las situaciones, los momentos y la intensidad de la tensión varían en cada persona, el nivel de adecuado también.

Dedica tiempo a analizar cómo un mayor o menor nivel te favorece o perjudica a la hora de competir. Piensa en cómo te has sentido y qué resultado has obtenido. Lo normal es que necesites un nivel de tensión en situaciones diferentes: en función de tu rival, del desarrollo de la competición, de tus necesidades… Lo ideal es que reconozcas cuándo necesitas variar ese nivel y seas capaz de hacerlo.

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¿Cómo puedo manejar mi nivel antes de competir?

En ocasiones, puedes enfrentarte a una competición con un nivel de tensión por debajo de lo adecuado. En otras situaciones, ocurre todo lo contrario cuando te encuentras en los momentos previos a competir. En este caso, estas sonalgunas recomendaciones para para manejar y reducir tu tensión y situarla en el nivel óptimo:

  • Descansa lo suficiente. Es importante que respetes los períodos de descanso, especialmente los días previos a la competición. Ten en cuenta que la falta de recuperación puede perjudicar a todo el trabajo de preparación que has hecho. Además, la falta de descanso evitará que puedas pensar con claridad, analizar de manera correcta la competición y tomar decisiones adecuadas
  • Mantén tu rutina habitual. No alteres tus hábitos los días previos a la competición. Trata de mantener tus horarios de sueño, tu estilo de alimentación y tus costumbres. Cambiar alguna de estas cosas puede alterar tu estado físico y emocional. Igualmente, mantén tus rutinas previas a la competición como lo has hecho con anterioridad: rituales, calentamiento, tiempos, etc. Esto ayudará a tu “cabeza” a entender la competición como cualquier otra.
  • Plantea posibles dificultades y alternativas. Conoce la competición y/o a tu rival. Cuando tengas definida tu estrategia, piensa en posibles dificultades que puedes encontrarte y de qué manera las resolverías. Así, una dificultad no será una situación imprevista que te genere tensión adicional y te limite a la hora de tomar una decisión.

Lo ideal es que estas recomendaciones vayan acompañadas de un trabajo psicológico específico. Tú eres quien mejor te conoce. Dedica tiempo a analizar cómo te sientes y cómo eso afecta a tu rendimiento. La tensión también puede jugar a tu favor. Mírala como un posible compañero más. Dedica parte de tu entrenamiento para conseguir que forme parte de tu equipo.

 

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